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ENTRAMOS PARA APRENDER, SALIMOS PARA SERVIR
-Solidarios por la Educación-
En primer lugar quiero saludarlos fraternalmente y
darles la más cordial bienvenida al IV Congreso de la Unión Mundial
de Antiguos Alumnos Lasallistas. Y en ustedes quisiera saludar a los
millones de exalumnos que no están presentes hoy en Panamá pero que
se sienten representados y unidos a ustedes en este importante
evento. Agradezco particularmente a su Presidente
José Ramón Batiste Peñaranda, a la Junta
directiva y al comité panameño que con tanta dedicación han
preparado este encuentro con el que pretendemos dar un paso más en
la línea del servicio y de la solidaridad en el campo educativo. Un
saludo muy especial a las autoridades panameñas que nos acompañan en
la inauguración de nuestro Encuentro.
Como recordarán el lema escogido para el último
Congreso de México era también una invitación al servicio:
Exalumnos lasallistas llamados para servir. Cuatro años más
tarde, no sería malo evaluar la respuesta que los exalumnos han dado
a la llamada que en aquél entonces les planteaba y que ahora les
recuerdo. La llamada a servir a los niños por la
defensa de sus derechos; a los jóvenes ayudándoles a encontrar un
sentido a sus vidas; a los pobres y excluidos
promoviendo su participación activa en los beneficios de la
globalización; al mundo creando lazos de fraternidad; a la
paz y a ser constructores de paz en un mundo dividido; a la unidad
de la familia humana mediante el ecumenismo y el diálogo
interreligioso. Me parece que estas llamadas siguen siendo
un desafío para todos los miembros de la Familia Lasallista y de una
manera muy especial para nuestros exalumnos. Creo que eso es también
lo que pretende el lema del actual Congreso:
Entramos para aprender, salimos para servir.
La primera vez que escuché este lema, que me parece
ha sido el Distrito de San Francisco el que lo popularizó en
nuestras escuelas, fue en Sydney Australia en el VII Encuentro de
jóvenes lasallistas de Asia y el Pacífico en el año 2000. Y puedo
decirles que los jóvenes quedaron fuertemente motivados y qué al
final del encuentro, la pregunta que más se escuchaba era: ¿qué
podemos hacer por los demás cuando regresemos a nuestros países? En
este encuentro había jóvenes de diversas religiones y culturas pero
todos unidos en el mismo ideal lasallista de servicio. Años más
tarde en mi visita pastoral a la India en el 2003, encontré este
lema esculpido en el pórtico de una de nuestras escuelas que presta
sus servicios a niños pobres como todas nuestras escuelas en este
inmenso país.
Ciertamente cuando ustedes
ingresaron en una escuela lasallista entraron para aprender. Parece
obvio. Sin embargo, la pregunta obligatoria que se plantea es ¿para
aprender qué? El lema de su Congreso nos da la respuesta: para
servir. Como muy bien lo expresaba el Padre Pedro Arrupe,
antiguo Superior General de los Jesuitas, hace ya bastantes años, la
meta de una institución católica de educación no puede ser otra.
Hoy nuestro principal objetivo educativo – decía -
debe ser formar hombres y mujeres para los demás… gente que no pueda
concebir un amor a Dios que no incluya amor por el menor de sus
vecinos; hombres y mujeres totalmente convencidos que un amor de
Dios que no se manifieste en justicia para los demás es una farsa.
Este tipo de educación va directamente en contra de la tendencia
educativa que prevalece prácticamente en todo el mundo (Pedro Arrupe
SJ).
Hoy en muchos países la
educación en general vive una crisis profunda y un poco en todas
partes aparecen fenómenos inquietantes de violencia juvenil en el
interior de muchos centros. Una preocupación que se reduce al ámbito
de la informática y del inglés, ciertamente es necesaria pero es
claramente insuficiente. Como escuelas lasallistas no podemos caer
en la trampa de dirigir la educación exclusivamente con criterios de
mercado, nuestros criterios se deben fundamentar sobre todo en el
Evangelio y en sus valores como el amor, la entrega, el perdón, la
fraternidad y el servicio.
El servicio de una escuela lasallista lo podríamos
sintetizar en algunas líneas de su proceso educativo, que espero
reconozcan en las escuelas, colegios y universidades lasallistas en
donde cursaron sus estudios. Hoy se habla en muchos lugares del
carácter propio de una escuela La Salle, aquello que la distingue de
otras, aquello por lo que seguramente ustedes se sienten satisfechos
de ser exalumnos de uno de nuestros centros.
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El proceso educativo lasallista
está centrado en la persona de cada educando de manera que cada uno
sea tratado en consonancia con su ser individual, único e
irrepetible y que la atención se dirija de manera integral a la
persona de cada joven.
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El proceso educativo lasallista
nace de la propia realidad de manera que responda a las
características, necesidades, aspiraciones y valores culturales de
cada pueblo. Pero no se trata solamente de asumir una realidad, se
trata también de aportar los instrumentos para transformarla y
abrirla a un diálogo intercultural.
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El proceso educativo lasallista
valora profundamente la calidad de las relaciones y favorece el
trabajo en común y las distintas comunidades: educativa, de fe… La
fraternidad es una de sus notas distintivas. Cada lasallista se debe
sentir hermano o hermana con el corazón siempre abierto y sin
fronteras.
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El proceso educativo lasallista
debe ser participativo y democrático. Desde los inicios el Fundador
en la Guía de las Escuelas favorecía una educación activa con
diferentes roles y responsabilidades. Se trata de una educación que
favorezca más la comunicación horizontal y menos la coacción y el
paternalismo.
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El proceso educativo lasallista
se da en la creatividad, dando menos énfasis a la repetición y
teniendo en cuenta que lo más importante es que el educando llegue a
dar una respuesta personal original.
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El proceso educativo lasallista
se caracteriza por ser académicamente serio como lo expresa uno de
nuestros documentos congregacionales más importantes.
Lo que primero importa es que las escuelas de los
Hermanos, se caractericen por la calidad de los estudios y la
seriedad de la formación, como exigidas ambas por la honradez
profesional y la dedicación a los jóvenes y a la sociedad
(Declaración 45,2).
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El proceso educativo lasallista
educa para la vida y para un trabajo socialmente productivo. Desde
los inicios, el pragmatismo fue una de sus características ya que se
trataba de responder a las necesidades concretas de los jóvenes. Hoy
es fundamental ayudar a integrar trabajo intelectual y trabajo
manual, teoría y práctica, educación y vida, para dar a cada uno las
herramientas que le permitan ser agente de desarrollo personal y
comunitario y de promoción social.
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El proceso educativo lasallista
educa en el compromiso ecológico y en la defensa del medio ambiente,
conscientes de que la tierra es el único medio donde puede
realizarse el hombre, amar a los demás, encontrarse con Dios;
conscientes también de la responsabilidad común de dejar un mundo
habitable a los que vendrán después.
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El proceso educativo lasallista
hace una clara opción por el servicio educativo de los pobres
tratando de que nuestros centros les sean accesibles y que en ellos
se sientan en casa. Pienso aquí en el sistema de becas que favorecen
varias de nuestras uniones de exalumnos que hacen esto posible para
un número significativo de jóvenes necesitados.
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El proceso educativo lasallista
promueve el crecimiento de la fe a través de la catequesis
explícita, de grupos de vida cristiana, y en el caso de alumnos de
otras religiones, a través del diálogo ecuménico e interreligioso.
En ambos casos la educación lasallista pretende que los alumnos
vivan una fe operativa en la práctica del amor, que se preparen para
ser creadores de relaciones más justas entre los pueblos, que se
comprometan en la acción en favor de la justicia y la paz, que se
interesen por la globalización de la solidaridad.
Los principios que acabo de enumerar no son solamente
teóricos. Tenemos en muchas partes ejemplos concretos de cómo se
viven sobre el terreno. Quisiera señalar algunas invitaciones y
algunos ejemplos.
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En
octubre del 2006 tuvimos en Roma la primera Asamblea de la Misión
Educativa y de la Asociación Lasallista a nivel Internacional con
la presencia de Hermanos y Seglares. Uno de los compromisos de
esta Asamblea fue el siguiente: Esta Asamblea quiere recordar a
todos los lasallistas, que la vitalidad de nuestra Misión depende
de cómo respondamos hoy, asociados, a las necesidades de los
pobres. Valoramos el esfuerzo que los lasallistas hacemos para
liberar a los pobres de sus diferentes formas de pobreza y pedimos
que consideren el servicio de los pobres y la promoción de la
justicia como el corazón y la causa del fortalecimiento de la
Misión lasallista en el mundo. Estoy seguro que nuestros
Antiguos Alumnos no serán insensibles a esta llamada.
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El 8
de septiembre del año 2000, 189 naciones adoptaron la Declaración
del Milenio ONU, que fue firmada por 147 jefes de estado y de
gobierno, afirmando su responsabilidad colectiva de respetar y
defender los principios de la dignidad humana, la igualdad y la
equidad en el plano mundial y su deber respecto de todos los
habitantes del planeta, en especial los más vulnerables y, en
particular, los niños del mundo a los que pertenece el futuro (www.un.org/milleniumgoals).
Para esto se establecieron 8 Objetivos a alcanzar para
el 2015. Mary Robinson, expresidente de Irlanda y Alta Comisionada
para las Naciones Unidas de los Derechos Humanos, nos invitó a
colaborar en la puesta en marcha de los mismos, durante nuestro
44º Capítulo General, hace apenas unos meses. Quisiera
recordárselos:
1.
Erradicar la pobreza extrema y el
hambre
2.
Lograr la enseñanza primaria universal
3.
Promover la igualdad entre los géneros
y la autonomía de la mujer
4.
Reducir la mortalidad infantil
5.
Mejorar la salud materna
6.
Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y
otras enfermedades
7.
Garantizar la sostenibilidad del medio
ambiente
8.
Fomentar una asociación mundial para el
desarrollo
Como Antiguos Alumnos Lasallistas se podrían
preguntar qué pueden hacer para que en el 2015 estos objetivos estén
más próximos a ser realidad.
·
Panamá nos ofrece una respuesta
concreta muy válida a los principios y a las invitaciones que acabo
de señalar. Después del 43º Capítulo General del año 2000 y en el
contexto de la asociación para la misión educativa lasallista,
Hermanos y Antiguos Alumnos se dedicaron a buscar el instrumento
adecuado para servir a los niños y jóvenes pobres de Panamá. Fruto
de esta sinergia, crearon la ONG PROA-PANAMÁ (Promoviendo Agentes en
Panamá), que posteriormente, a través de un convenio con el
Ministerio de Educación creó el Centro Escolar San Miguel en Los
Lagos, Colón y después el Centro Escolar San Miguel Tocumen, en la
capital. Ustedes tendrán la ocasión de visitar estos centros y de
tener una información más completa. Únicamente me gustaría añadir
que el Instituto ve con mucha simpatía iniciativas como ésta u otras
parecidas para el servicio de los más necesitados que funcionan en
otros distritos. Y hoy me pregunto y les pregunto, si no podría ser
este un campo específico donde la sinergia entre Antiguos Alumnos y
Hermanos llegara a concretizarse.
CONCLUSIÓN:
Quisiera terminar con un pequeño poema del premio
Nóbel en Literatura, el guatemalteco Miguel Ángel Asturias, que nos
estimula a dar la vida y a servir a los demás, como el secreto de
una vida plenamente realizada. Si esto fue lo que ustedes
aprendieron en los centros educativos lasallistas que frecuentaron,
creo que podemos darnos por satisfechos, porque lo aprendido se ha
traducido, se traduce y se traducirá en servicio.
Dar es amar
Dar prodigiosamente
Por cada gota de agua
Devolver un torrente.
Fuimos hechos así,
Hechos para botar
Semillas en el surco
Y estrellas en el mar,
Y ¡ay! del que no agote,
Señor tu provisión
Y al regresar te diga:
Como alforja vacía
Está mi corazón
Hermano Álvaro Rodríguez Echeverría
Superior General

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