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XIIIª CONGRESO DE L´OMAEC.
LIBANO, NOVIEMBRE 2005.
 

LOS ANTIGUOS ALUMNOS DE COLEGIOS RELIGIOSOS AGENTES DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN EN LINEA CON EL VATICANO II Y EL MAGISTERIO.

 

Por M.Iltre.Sr. D. José Carlos Fernández Otero.
A.A. del Colegio salesiano de Ourense (España)
 

 

Emmo y Rvdmo, Sr. Cardenal Mar Nasrallah Boutros Sfeir, Patriarca maronita de Antioquía y de Oriente, representante del Santo Padre en este Congreso.
Queridos amigos y amigas:
El Congreso en el que estamos participando posee una gran importancia en la actual situación de la Iglesia católica a la luz de las enseñanzas del Concilio Vaticano II y de la importancia que el Magisterio reiteradamente concede a la labor de los laicos de cara a la nueva Evangelización. Cuando puede dar la impresión de que la labor de los colegios religiosos ha pasado, nunca, como en la actualidad tuvieron tan vital importancia. Podemos afirmar, sin miedo a equivocarnos, que la Iglesia del siglo XXI o da protagonismo al mundo seglar o se condena al ostracismo. Para ello es preciso, una vez más hacer una llamada a los religiosos que dirigen esos centros en orden a que descubran cada día más lo que el Concilio Vaticano II pide para los seglares. Algo que, por otra parte, se entronca en la secular tradición de la Iglesia que, en momentos difíciles, ha encontrado en el mundo seglar, el brazo fuerte de la evangelización.
Permítaseme, aunque larga, que copie una cita de S. Fco. De Sales:
“Dios creador mandó a las plantas que dieran cada una fruto según su propia especie: así también mandó a los cristianos, que son como las plantas de su Iglesia viva, que cada uno diera un fruto de devoción conforme a su calidad, estado o vocación.
La devoción se ha de ejercitar de diversas maneras según se trate de una persona noble o de un obrero. De un criado o de un príncipe, de una viuda o de una joven soltera, o bien de una mujer casada. Más aún, la devoción se ha de practicar de un modo acomodado a las fuerzas, negocios y ocupaciones particulares de cada uno.(…)
La devoción mientras sea auténtica y sincera nada destruye, sino que todo lo perfecciona y completa.(…).
Es por tanto un error, por no decir una herejía, el pretender excluir la devoción de los regimientos militares, del taller de los obreros, del palacio de los príncipes, de los hogares y las familias, ”.
Estamos llamados a llevar al mundo el mensaje que el Vaticano II reitera tratando de imbuir de sentido evangélico la sociedad en la que nos ha tocado vivir. “El Espíritu Santo a todos les libera para que, con la abnegación propia y el empleo de todas las energías terrenas en pro de la vida humana, se proyecten hacia las realidades futuras” . “El cristiano que falta a sus obligaciones temporales, falta a sus deberes con el prójimo, falta sobre todo, a sus obligaciones para con Dios y pone en peligro su eterna salvación” . “El bien común abarca el conjunto de aquellas condiciones de vida social con las cuales los hombres, las familias, y las asociaciones pueden lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfección”
He querido citar aquí estas afirmaciones del Concilio Vaticano II en orden a resaltar, ya de entrada, que los colegios religiosos están llamados a vincular su espiritualidad, a todos los sectores de la Familia, de la sociedad con la mentalidad y sentir de la Iglesia y el Magisterio.
“Los Antiguos Alumnos forman parte de la Familia religiosa que les ha formado, por la educación recibida. Su pertenencia es mayor cuando se comprometen a participar de la misión de la Iglesia en el mundo”
Y esa misión como afirma el primer sucesor de D. Bosco, el Beato Miguel Rua no puede ser otra que la del mismo fundador: “ No dio un paso, no pronunció una palabra, no emprendió empresa alguna que no mirase a la salvación de la juventud. Realmente, no se preocupó más que de las almas ”6
En un mundo movido por un gran secularismo y en el que priman por encima de todo los testimonios, nosotros estamos llamados a ser punto de referencia claro de todo aquello que recibimos en su día en las aulas. No podemos permanecer impasibles, es el momento del testimonio y éste no es otro que nuestro acercamiento a la juventud y a la sociedad en general, tratando de crear en ellos, y sostener, una cultura de valores, en la que se prime el ser por encima del tener. El mundo de hoy está hambriento de valores y o se los llevamos aquellos que nos formamos dentro de un contexto de valores o el futuro de la sociedad es negro.
El Papa Benedicto XVI nos lo recuerda desde el primer día de su pontificado, estamos inmersos en una sociedad movida por el relativismo a todos los niveles como si todo fuese provisional y nada permanente
Es por ello por lo que los pilares de la espiritualidad que debemos transmitir no son otros que el amor a María y la fidelidad al Papa y la profunda adoración a la Eucaristía. Y, en suma, el espíritu de las Bienaventuranzas que es el resumen del mensaje cristiano como muy bien acostumbraba a decir Egidio Viganó.
Si miramos a la Iglesia Universal y al mundo de la juventud habremos de caer en la cuenta de lo mucho que resta por hacer dentro de las aulas mientras son alumnos y después como Antiguos Alumnos. Ante la nueva Evangelización de la que hablaba continuamente Juan Pablo II no podemos renunciar a tantas fuerzas apostólicas. Una de ellas somos, estamos llamados a ser los que hemos pasado por colegios religiosos.
¿Acaso no existe una esencial diferencia entre un colegio público y uno religioso? No podemos, bajo ningún concepto, caer en la tentación de la cobardía ante grupos de presión que desean convertir nuestros colegios religiosos en uno más. Sería renunciar a algo fundamental. Los padres que envían sus hijos a los colegios religiosos saben, deben saber, que, la formación en la fe va a formar parte en la educación de sus hijos. Y es por ello por lo que, dentro o fuera de los muros de la escuela, tenemos la infinita misión, con nuestro testimonio, de ser animadores espirituales de tantos grupos.
“Es urgente volver a dar a nuestras instituciones la dimensión de núcleo animador de otras fuerzas espirituales y apostólicas” Toda la fecundidad depende de la realidad carismática que es un don de Dios que debemos pedir con la ayuda de María. Estas ideas creemos que pueden ser extrapolables a los demás institutos y Congregaciones religiosas dedicados a la enseñanza.
La misión consiste en “ser en la Iglesia signos y portadores del amor de Dios a los jóvenes especialmente a los más pobres. La vocación nos sitúa en el corazón de la Iglesia y nos pone plenamente al servicio de los demás, abiertos a las culturas de los distintos pueblos a los que nos esforzamos por comprender y acogemos sus valores para encarnar en ellos el mensaje evangélico” (artículos 2, 6 y 7 de las Constituciones salesianas.)
Sería un grave error, hoy superado, el creer que únicamente los religiosos dedicados a la enseñanza, son los responsables del carisma del fundador. Sería una dejación por parte de cuantos fuera de los muros de la escuela vivimos en el mundo con un espíritu recibido en las aulas.
No podemos suplantar al Espíritu Santo. El mismo, en primer lugar por medio del Fundador y después por medio de la estabilidad de cada grupo, nos ha hecho participar a todos, y nos sigue haciendo hoy partícipes a todos del carisma, y en este mismo nivel crea entre todos lazos de unión y comunión. “Estamos convencidos, de que la presencia de los Antiguos Alumnos que han hecho la opción evangelizadora es importante para los muchachos para nosotros y para los demás colaboradores seglares” Por eso los Antiguos Alumnos, debieran colaborar de buen grado en la vida de la misión, en las parroquias y en los diversos quehaceres de la vida social y eclesial diocesana, sin olvidar algo fundamental en estos tiempos que es la pastoral vocacional.13
La misión en los colegios sería meritoria pero muy poco fructífera si se redujese únicamente al tiempo en el que los alumnos permanecen en las aulas y a transmitir únicamente conocimientos científicos. Sería muy poco. En la sociedad actual los centros religiosos están llamados a ofrecer una formación que perdure una vez acabados los estudios. Que los alumnos se sientan vinculados al carisma durante las aulas por motivos académicos y después, una vez en la universidad, o en la familia y en su empresa su vinculación sea a nivel de fe y formación integral, que se les note aquello que durante años recibieron en las aulas y que fueron perfeccionando.
En la Pastoral de una diócesis debe notarse la presencia de los antiguos alumnos de los colegios religiosos. Si esto no se diese sería el gran fracaso tanto a nivel académico como, y sobre todo, a nivel de formación integral, el lema sería de esperar que los buenos cristianos, de los que hablaba D. Bosco, se convirtiesen en honrados ciudadanos. Que se note su presencia en la economía, en una sociedad de corrupción; en las familias en las que la moralidad y el ataque a la vida es frecuente; en la política en la que no es difícil encontrar políticos corruptos.
Para ello la semilla hay que ir poniéndola en las aulas con una formación en valores, integral, en la que el amor a la Iglesia es el camino para amar a Cristo. Que sean y se sientan miembros de la Iglesia con verdadero orgullo. “No se puede amar a Dios sin amar a Cristo; no se puede amar a Cristo sin amar a la Iglesia y al Papa, y no se puede amar a la Iglesia y al Papa sin amar a la Virgen”.
El compromiso apostólico debe ser el motivo que arrastre hacia una formación cristiana profunda. Muchas veces a los jóvenes les podemos hacer mayor bien los que estamos fuera que aquellos a los que ven diariamente inmersos en las tareas académicas. Crear una sociedad con verdaderos apóstoles precisamente cuando por todas partes hay apóstoles del fútbol, la música, la moda y hasta el sexo.
¿No nos interpela a todos la encuesta llevada a cabo a nivel mundial entre la juventud?. Debiera hacernos pensar que al ser preguntados por quien es el personaje más importante de la Historia de la Humanidad, el número uno se lo llevó David Beckham y Cristo figura en el puesto 125 empatado con el presidente Bush. A los creyentes esto debiera hacernos pensar seriamente ¿qué testimonio damos para que nuestros jóvenes no sientan atractivo incluso humano por la figura de Cristo?.
Para ello, el último curso en la escuela, debiera ser como la culminación que les comprometiese. Sienten orgullo de ser de un equipo de fútbol o seguidores de un grupo musical y sin embargo, después de años en un colegio, muchas veces al recoger el titulo no vuelven al centro educativo y lo que es peor, olvidan todo el mensaje recibido.
Debemos reconocer que no pocas veces a los jóvenes se les utiliza, no se les escucha; se cuenta con ellos pero es preciso darles la responsabilidad. Si son miembros de la Familia, es lógico que también su participación sea eficaz.
Todos cuantos van saliendo de las aulas deben ser objeto de atención por parte de los que ya hemos salido y por parte también de los que les han formado. Distintas efemérides escolares deben servir, de hecho sirven, para reencuentros entrañables y para retomar y recordar el carisma recibido y que les comprometa.
Una pregunta quisiera dejar en el ambiente ¿Cuál es la causa de la falta de auténticos lideres católicos? ¿Qué ocurre cuando después de tantos años en un colegio no salen vocaciones a la vida consagrada, al sacerdocio ni a ese liderazgo seglar?. La pregunta nos concierne a todos en general. Sería preciso un cuidado especial con los alumnos de los últimos cursos, con los AA.AA jóvenes, con aquellos que se preparan para formar un hogar y con aquellos, los mayores, que llevamos años fuera. La formación el reciclaje, la puesta al día, debiera ser prioritario cuando a cualquier nivel de la sociedad se lleva a cabo.
A raiz del Concilio Vaticano II, a la llamada generación de 1968 se la ha ido educando, entiendo que equivocadamente, en base a vivencias olvidando contenidos serios. Acaso esté aquí la raíz de tantas deserciones de Antiguos Alumnos. No faltan jóvenes que salen de los colegios religiosos y nada más quieren saber de ellos. ¿No se habrá introducido, acaso, en los colegios religiosos un falso pudor, vergüenza o, en definitiva un secularismo feroz que ha impedido transmitir, sin miedo, esos contenidos de la fe católica? ¿Escuchamos las palabras de Juan Pablo II mil veces repetidas: “Non aviete paura”?. El miedo, el falso pudor, la falta de garra para transmitir el mensaje de las Bienaventuranzas sin escrupulos, ¿no podría ser también una de las causas de la falta de vocaciones?.
Existen realidades innegables y empeños serios en la nueva evangelización. Cuadros de dirigentes locales, nacionales e internacionales, que debemos aprovechar. Es muy fácil destruir e incluso diría más, movernos entre las ocurrencias cuando lo que precisamos son ideas que son las que permanecen. Debemos aprovechar e incentivar todo lo que existe. Todos somos necesarios. Los AA.AA irán adelante en cada lugar en la medida que se convine la experiencia de los mayores y la vitalidad y sabia de los jóvenes que van saliendo. Ni unos sin los otros ni éstos sin aquellos. Sólo así saldrán auténticos dirigentes para la Iglesia de hoy, que tanto los necesita.
La labor con los AA.AA es una labor difícil pero muy rentable a nivel de Iglesia. Es necesario poner mucho amor para quienes fueron destinatarios de los conocimientos académicos y ahora deben serlo a nivel pastoral. Todos unidos podremos lograr metas que parecen inalcanzables logrando que sea una auténtica realidad pujante que aglutine a todos y a la mayoría de los AA.AA. con el fin de poder completar su formación cristiana y social. La Iglesia tiene derecho a encontrar entre los AA.AA los laicos nuevos que precisa el tiempo actual.
“La nueva Evangelización, de la que hablaba Juan Pablo II, supone una presencia de los creyentes, capaz de testimoniar algunos valores indispensables y especialmente en peligro en el mundo de hoy: la dimensión espiritual, la ética, la vida, el amor, el sentido de Dios, es un compromiso integral de la comunidad cristiana en el anuncio de Cristo, en la promoción humana y en la inculturación del Evangelio”17
Quisiera recordarles los comentarios del antiguo Rector Mayor de los salesianos, D, Viganó a la Exhortación Apostólica de Juan Pablo II, “Christifideles laici”, y , sobre todo su estudio sobre las Bienaventuranzas, una pieza fundamental que, sin duda, sería materia de reflexión para todos nosotros.
D. Bosco, para fundar su gran Obra, cogió a un niño que sólo sabía silbar. Con él creó una Familia. Hoy posiblemente tenemos gente con más cualidades. Nos hace falta el entusiasmo y la ayuda de lo alto. En este sentido quiero acabar con algo que es esencial. La devoción a María. No se puede concebir nada de la Iglesia sin la presencia de María. “Todo lo ha hecho Ella” decía D. Bosco. Y, “Nuestros tiempos no son menos difíciles que los suyos y nuestra época, como la suya, está dolorosamente atormentada por una profunda transformación. En el cambio social que el mundo de hoy exige a la Iglesia, la presencia de María, Madre de la Iglesia y Auxiliadora de los bautizados, es impulso y estimulo eficaz. La invocación de María como Auxiliadora de los Cristianos, responde plenamente a algunas de las aspiraciones más profundas del mundo contemporáneo. La devoción a María Auxiliadora, por tanto, ha de suscitar en nosotros, como en D. Bosco, un ardiente celo apostólico en la lucha contra el pecado y contra una visión del mundo y del hombre contraria a las bienaventuranzas y al mandamiento nuevo. Esta devoción ha de ser, en nuestras manos, un potente instrumento para suscitar en los bautizados de hoy un vivo y dinámico sentido de Iglesia”18
En siglos pasados salieron de los claustros grandes columnas para la evangelización. Confiemos en que en el presente de las aulas lleguen a la sociedad testimonios vivos del evangelio para una nueva evangelización.
Muchas gracias.

 


 

 
 

 

 

 

 
 
 

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